Afrontando la era postcovid

Si se cumplen las previsiones del Gobierno del pasado 6/04/2021, en España se llegará a la inmunidad de rebaño el próximo 19 de julio de 2021.

Con independencia de si se trata de cálculos más o menos acertados, el hecho es que, si no hay contratiempos importantes, a la vuelta de las vacaciones es posible que hayamos alcanzado esa ansiada inmunidad.

Y con ella, iniciaremos la verdadera desescalada, la vuelta a la normalidad. Recuperaremos nuestras vidas y diremos “hola” de nuevo a nuestras mesas de trabajo en las oficinas que dejamos desiertas hace ya un año largo.

Pero, ¿cómo será la vuelta? En este momento, se abren multitud de incógnitas relacionadas con el trabajo en remoto y el teletrabajo.

La mayoría de las ocupaciones no admiten el trabajo a distancia (los sanitarios, los camareros, el transporte y un largo etcétera), pero otro porcentaje cercano al 34%, según la revista Cinco Días, ha teletrabajado durante toda la era incovid y su desescalada presenta una serie de incógnitas que las empresas deben resolver en ese horizonte no demasiado lejano de la vuelta del verano.

Trabajar desde casa tiene ventajas derivadas del ahorro de tiempo e inversión en transporte, la posibilidad de enfocarse en la tarea sin las distracciones propias de la dinámica de la oficina y hace más fácil la tan ansiada conciliación con la vida personal, sin olvidar la menor repercusión de la gripe estacional y otras enfermedades de transmisión que se han minimizado al máximo gracias al uso de la mascarilla y el no contacto en espacios comunes.  Muchos privilegiados han optado incluso por elegir un lugar a lo largo de nuestra geografía para desarrollar su trabajo: su pueblo o ciudad natal junto a sus allegados o un destino idílico para compaginar trabajo y placer.

Aunque parece un panorama muy atractivo, no todo ha funcionado idealmente. Durante esta época difícil de nuestras vidas, hemos experimentado los beneficios de una nueva forma de trabajo, pero también hemos sufrido sus desventajas, derivadas principalmente de una menor fluidez en la comunicación.

Este tema que parece un mal menor, en comparación con los beneficios que antes hemos señalado, ha dificultado visiblemente el trabajo durante los últimos meses y está en el epicentro del planteamiento de la vuelta al trabajo.

Además de las indudables secuelas en salud mental derivadas del aislamiento durante el covid que tendremos ocasión de valorar en los próximos meses, una de las enormes desventajas del teletrabajo que hemos descubierto en este tiempo es el problema de la comunicación.

Durante la pandemia, nos hemos comunicado en un 80-90% por escrito mediante los chats de grupo de trabajo o a través de email. La otra forma de comunicación estrella han sido las reuniones por teleconferencia. Estas reuniones se han caracterizado por celebrarse con una impecable puntualidad en la mayoría de los casos y se han caracterizado por enfocarse totalmente en el tema a debatir, porque la comunicación mediante teleconferencia no admite -eso también lo hemos aprendido- una atención sostenida durante mucho tiempo: hemos ido “al grano” en nuestros teams, zooms, etc.

Esto que aparentemente parecen ventajas, han traído una consecuencia negativa muy importante: la desaparición de la comunicación informal.

Por escrito y en tele-reuniones utilizamos un lenguaje formal y enfocado a la solución. Las conversaciones de café, de pasillo, de una mesa a otra en la oficina o simplemente el “qué tal, como va todo” o “qué tal tu familia” han desaparecido en un 90% entre compañeros. Esta información sin trascendencia aparente para el trabajo en si, tiene el indiscutible poder de evitar conflictos y elevar la sintonía entre la gente, porque ofrece la oportunidad de apoyarnos unos a otros y de transmitir calidad humana y empatía. Al desaparecer casi por completo esta comunicación informal hemos eliminado uno de los pilares en los que se basa la construcción de una cultura de empresa basada en la confianza y la cooperación. Este tema es capital para el bienestar en los equipos de trabajo.

Pero la cuestión no se queda aquí.

La comunicación escrita, la que más hemos utilizado con diferencia, hace que la información sea interpretable, como sabemos. Todos nosotros hemos dicho alguna vez que por whatsapp, email o teams no se oye el tono con el que decimos las cosas, a pesar del uso de emoticonos porque se pierde la comunicación no verbal. No escuchamos el tono de voz, no vemos los gestos faciales o la postura que adopta nuestro interlocutor, información que tanto influye en la interpretación correcta del mensaje.

La consecuencia de comunicarnos así durante tanto tiempo ha llevado a colocar barreras en la comunicación: malentendidos, malas interpretaciones, incomunicación sobrevenida (todos sabemos que hay mucha gente que no es comunicadora de manera habitual y que en estas circunstancias ha aumentado su hábito).

¿Cuál es entonces la solución para afrontar del mejor modo la vuelta a la oficina?

Este es el gran reto en las mesas de decisión de muchas empresas que en este momento están planificando la vuelta a la presencialidad. ¿Y tu qué opinas?

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